[Cuento] Por mi y por todos mis compañeros – Marcia Henríquez


Viene directo hacia mí. Algo en ella me intimida al avanzar. Se ve más baja que antes y en lugar de la melena rubia parece que de su cabeza se desprendiera un velo de ceniza. La ropa le queda suelta. Sus hombros dibujan la curvatura de un peso difícil de sostener.

Hace tiempo escuché que vivía en la Villa Portales.

A pocos metros de sus pasos cansinos, una masa energizada de chicas y muchachos se contonean al son de la batucada. En los jardines de la universidad que le acortan el camino hacia ninguna parte, se elevan, al pulso de la música, los estandartes propios de la rebeldía, de lo legítimo por sobre lo legal. De seguro ella solo toma este atajo para salir a la Alameda. No parece que el ritmo del tamborileo tenga, a sus ojos, el significado que fluye de los cuerpos danzantes.

Mientras la veo venir, descubro que a duras penas se sostiene en pie. Resulta claro que, en ella, las fuerzas para pedir justicia están detenidas. Desaparecidas. Cientos de personas pasan por su lado sin mirarla. Si lo supieran ¿la levantarían en andas?, ¿le harían un monumento?

Sin que yo pueda evitarlo, en unos segundos está frente a mí. Dice algo que no consigo retener. Lo que haya sido, huele a muerte. Un hilo de voz en su interior trastoca las palabras. ¿Por qué mejor no me mataron? ¿Eso es lo que ha dicho?

Salió en las noticias. La tenían. A ella y a su hermano. Una semana. Dos. ¿Acaso un mes? En la televisión endulzaban el rigor endurecido de mitad de los ’80, con el azúcar de un posible secuestro en manos de la delincuencia común.

—¿Se ha sabido algo?

Solo rumores: Que quizá la dictadura se pagó con los hermanos, para martirizar, no a ellos, sino al padre.

Sé que tendría que pedirle perdón.

Mientras ella murmura frases que no entiendo, me limito a decir «hola» y no se me ocurre nada que agregar. El encuentro es extremadamente breve, pero parece que está destinado a castigar mi cuota de cobardía hasta el fin de los tiempos. Al contemplarla, aunque adivino que mi presencia no va a ocupar lugar en su memoria, temo que seguiré viendo su mirada vacía por años. Imagino que los restos de su disco duro albergan una mujer desecha con la que le resulta imposible acercarse a remodelar la muchacha que fue.

¿Vale recordar que nunca fue mi amiga? ¿Me pone a salvo tener en cuenta que en algún curso apenas fuimos compañeras? De las dos, ¿es ella o yo, la que necesita salir escapando?

Nadie quiso preguntar. Como agua y aceite, el miedo y el valor tomaron caminos divergentes. No hubo amigo ni amiga que se atreviera a llamar a su casa. Ni durante su ausencia, ni cuando devolvieron lo que quedó de ella; de su hermano.

Estoy segura de que debería pedirle perdón, por mí, y por todos mis compañeros, pero no lo hago.

Ella deja pasar un segundo que se extiende en el silencio, nos envuelve en la neblina de esta mañana de junio y la acompaña en su trayectoria hacia la Alameda. Atrapado en un trocito de tierra bajo un pedazo de cielo que, al igual que sus ojos, ya no es azul sino gris, quedará su historia de dolor sin renuncia. Horrorosa, se asoma la forma en que mutilaron su humanidad, y bajo la línea de flotación, se esconde la vergüenza del mutismo colectivo. Con lo que queda de ella, puedo actuar como si la lealtad fuera apenas una palabra que no viene al caso.

La otra, la luchadora que era, me estaría diciendo a gritos: «el perdón, pueden ir a buscarlo a la mismísima concha de su madre».


Marcia Henríquez Bustamante. Nació en Temuco (1961). Licenciada en Ciencias con mención en Química, por la Universidad de Chile. Doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Santiago de Chile, donde se desempeña como profesora por horas.

Marcia es casada. Tiene una hija y un hijo. También un pequeño jardín de su autoría.
Desde el 2017, al alero de la facultad de Química y Biología ha focalizado su energía en la presentación de charlas en el área de Astrofísica, pero su primera gran pasión es la Literatura. Algunos trabajos suyos aparecen en el libro «Ciencia en décimas para Violeta». Ha publicado dos libros de relatos en forma independiente, «Como Austenita retenida» y «De Santiago no sale»; además de un libro de divulgación científica llamado «La ruta del Big Bang. El universo en clase turista», este último con el respaldo de la Editorial de la Universidad de Santiago. Durante diciembre del 2021, verá la luz «Norte claro, sur oscuro», su primera novela, una ficción ambientada en la novena región que abarca más de 80 años de su historia.