[Poema] Helder Binimelis Espinoza




Como de Cenizas

Sentado en un bar,
frente a un jarro de chiconbla y dos vasos,
después de un largo día de trabajo,
es, al parecer,
la única forma en que dos amigos
pueden hablar del suicidio de un tercero
al que no nunca más vieron
desde aquellos
recordados tiempos de antes.




Antes de estudiar

Estaba sentada al lado de la cocina a leña, el lugar más cálido de la casa en este frío invierno.
Estaba sentada en el viejo banco que siempre usaba su padre. Un viejo y desgastado banco de madera que apenas se sostenía en pie, y que tenía encima un estropeado cojín amarillo, sin ninguna utilidad práctica pero que seguía ahí.
Él la había llamado más temprano esa tarde para invitarla a salir, pero como siempre en el último tiempo le dijo que no. No porque no quisiera verlo, o al menos, no lo había pensado así. Pensaba en la flojera, y sobre todo, el frío.
Vio venir al viejo gato, meterse bajo el fuego y cerrar los ojos.
Ahora estaba ahí helada, al lado de la cocina, con la guía en una mano y el teléfono en la otra. Tenía que estudiar.
Su padre entró caminando lentamente y se acercó:
Déjame el banco un ratito- le dijo.
Ella se puso de pie y lo miró como si estuviera enojada, aunque en realidad no lo estaba, y al final se sonrió.
Él solo se sentó y entonces el gato se alejó rápidamente.
Arrastró el inestable banco frente a la cocina, abrió el tiraje y se agachó a recoger leña inclinándose en un equilibrio precario.
Al terminar, volvió a cerrar el tiraje. La última carga de leña de la noche, justo para encontrar algunas brasas temprano por la mañana.
Se puso de pie y ella se sentó rápidamente.
Antes, mientras esperaba de pie, se había tapado la cara con el cuello de polar.
Ahora solo se veían sus ojos, casi negros, brillantes.

-Chao hija, no se acueste muy tarde- le dijo, y aunque sabía que no le gustaba, se agachó y le dio un beso en la frente.
La miró a los ojos, y aunque no le veía el resto de la cara supo que ella estaba sonriendo y también se alegró.
Se dio la vuelta, y caminando lentamente desapareció por el pasillo oscuro.
Ella pensó en su madre, que quizá ya estaría acostada o quizá en el baño.
Pensó en que ellas nunca se despedían. Pero siempre había sido así, no importaba.
El gato volvió a ocupar su lugar bajo el fuego, justo frente a ella.
Ella miró la guía, sabía que tenía que estudiar, pero antes, sacó una foto al gato y la subió a Instagram.





Helder Binimelis Espinoza. Docente del Departamento de Trabajo Social en la Universidad Católica de Temuco. Magister en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos. Doctor en investigación en ciencias sociales mención sociología.