[Editorial] Un cruce de piedras sobre un río: apuntes sobre la lectura.



Leer es un acto vivo en todo el sentido de la palabra, una acción y una reacción ante la realidad y la ficción, un deambular constante entre el aquí y el allá. Podemos estar de acuerdo en que es un acto re-creativo, donde se establece una relación diferente entre el lector y la obra; por un lado, cercana, íntima, sobrecogedora, por otro lado, de distancia, suspicacia e indagación rigurosa, a causa de los espacios en blanco que deja el texto. Este tejido con puntos sueltos que le dan al lector un motivo para dar mayor voz a las palabras y buscar, entre un lugar y otro, eso que no le deja conforme.

Probablemente, la inquietud de las y los escritores por generar sus propios discursos creativos nace de la lectura de diversas obras y de la realidad misma, un trabajo arduo y con múltiples aristas. En un mundo cada vez más rápido, el espacio para la reflexión en torno a la lectura se vuelve complejo, ya que requiere de tiempo y lentitud. Pero si en algo podemos coincidir con otros lectores, es que leer es un acto de resistencia.

La lectura poética de un libro es, en el sentido más pleno de la expresión, una entrada en cuestión, un descenso en los asuntos, una dilación. Por esto, la lectura apresurada o mediada por la presión de las instituciones constituye otro modo muy distinto de leer, un gesto sujeto a otro orden, más propio de la ley del producto y el consumo. Todo es válido, en lo que al acto de leer se refiere. La voluntad de leer, que es anterior al sujeto, se despliega en múltiples líneas y cruces. Líneas que se constituyen como complejos de saber y de memoria en los que son visibles las huellas de otros lectores, ya desaparecidos o bien ausentes o imaginarios del todo. La lectura poética de un libro de poemas supone un acto de recreación de la experiencia en un plano de lectura desplegado en la memoria: para leer ciertos libros de poemas hay que descender (o ascender, que es también un gesto de inmersión). Puede uno, si quiere, deslizarse sobre el lenguaje, pero tengo la impresión siempre de que el poema es más bien un cruce de piedras sobre un río.

Debe ser por esto que, desde el lugar en que los ojos habitan el rostro hasta las cosas que los ojos miran, hay siempre una distancia que se presenta como un entre-lugar, quizá, poco observado. Es decir, ¿cuándo pasamos de mirar solamente a sumergirnos en el objeto? Aquel espacio entre el sujeto y el poema escrito está habitado por las posibilidades de sentido que suscita el diálogo entre lo uno y lo otro, entre el ojo y la cosa. Estas posibilidades de sentido permiten, por ejemplo, una lectura guiada por la imaginación, la experiencia o la capacidad creadora del lector. El ser lector, en diálogo con el poema, busca asir uno de estos posibles. Se escabulle en aquel espacio, en tanto los ojos recogen la palabra, y es cautivado. Se reconoce, se sabe y se permite la inmersión. Así, la lectura se constituye como un entre-lugar que ofrece posibilidades de fuga al interior del poema.

Lectoras y lectores del Observatorio [19], con este tercer número cerramos un ciclo. Nos propusimos, desde el inicio del observatorio, construir un espacio para la creación y la difusión literaria desde la Universidad Católica de Temuco y ya pasados tres años consideramos que hemos logrado definir un camino. Primero, como taller de creación y diálogo, luego articulando una conversación permanente con escritoras y escritores de distintos lugares, que con su palabra amiga nos incitan a seguir perseverando en nuestra búsqueda al interior de la palabra creativa. De ahora en más, en una orientación más autónoma, nos abocaremos a la consolidación de este espacio común con acciones de las que pronto tendrán noticias. Agradecemos a quienes nos apoyaron en este primer paso y a quienes confiaron en nuestra propuesta. Por lo pronto, les invitamos a seguir apoyándonos y leyéndonos.

Por último, señalar que en las próximas semanas, publicaremos un dossier dedicado al escritor Cristian Rodríguez, poeta y narrador, quien nos acompañó en el primer ciclo de conversaciones con la literatura en el sur, durante 2019, a quien agradecemos por su inestimable colaboración.



Equipo Editorial Observatorio [19]