[Poemas] Alfonso Medrano

Siempre recorríamos la noche,
caminábamos de puro fantasiosos
solo para ir o venir de vuelta.
Nunca nos perdíamos tanto como un volantín.
Era una bella época esa de la niñez precisa.
En ella alcanzamos un nivel casi metafísico
en el conocimiento de la calle,
nunca tan perfecto como el de los perros, eso sí.
Asaltábamos las fruterías y la piscina municipal
en el tiempo de los nísperos.
También los almacenes en el tiempo de cualquier cosa
y nos llevábamos grandes fajos con las papeletas
de la polla gol solo por deporte.
Siempre lo más deplorable fue la parada militar
en el centro de la ciudad.
El recuerdo más querido es Sexual Democracia tocando
en la calle principal.





Las calles se fueron paulatinamente pavimentando.
Algunas quedaban olvidadas por una década y media
con un triste y nostálgico tramo de piedras,
en medio de otras que aparentaban más progreso.
Las calles se fueron paulatinamente pavimentando.
Los ciudadanos se organizaron,
no querían barro en invierno, tampoco polvo en verano.
El invierno ahora es algo que parece sanitizado.
No hay escarchas, esas costras del padre,
en la caminata de vuelta a casa para quebrar.
Solo basureros volcados,
muros de las últimas campañas que mantienen su vergonzosa presencia todavía pintados.
Y caminos hacia el campo abandonados,
con polvo en verano y barro en invierno.
Los cercos derrumbados.
Los viejos entristecidos pinos.
Y decorando,
plásticos y envoltorios de productos de los sucios supermercados.

Qué otro contenido podía tener el cielo
más que estas calles.
Qué otro contenido podía tener el infierno
más que dormir solo y abandonado en un frío pueblo.
Qué otro contenido podía tener la imaginación
más que un perdido y frío pueblo
con sus insomnes
con sus sonámbulos
con sus árboles prendidos de otoño
con sus ebrios cantantes perdidos en la neblina,
seguidos por perros como ángeles guardianes.
Quién todavía salva el día de la noche como los panaderos
Quién todavía salva el día de la noche como los suplementeros
Quién todavía salva el día de la noche como los barrenderos
Quién todavía salva el día de la noche como esos ángeles
de la compañía que son los perros.




Los inmortales andaban tirados en la línea férrea
Recogían a otros caídos
Los semidioses todavía se reían de algo
y los gatos ateridos se les acercaban
Aunque hacía un frío del averno, siempre tenían esa coraza
Un poco de vino
Un cigarrillo. La basura como parte del decorado
Los inmortales andaban con sus mochilas
Sus ollas negruzcas
Los malos modos de inmortales
y una bandera realmente de patria.






Alfonso Medrano Mieres (1981). Asistente social, poeta con formación obtenida en talleres gestados entre los territorios de Victoria y Collipulli. Cofundador del Colectivo de Autogestión Literaria Lemuria.