[Cuento] El Poder que le falta – Marcia Henríquez Bustamante

En el interior del palacio de tribunales, la gloria de Dios lo llena todo.

Se abre la sesión con una letanía que describe uno a uno los superpoderes del Altísimo: Dios no entra ni sale porque está en todas partes, todo lo sabe, todo lo puede. Bla -bla -bla.

Sin previo aviso surge la figura de lo que queda de un hombre. Un ángel lee su expediente sin ninguna pasión. El tipo llegó a su casa después de un funeral, mató a su hija y se suicidó.

Es un asesino. ¡Es de los míos! –dice Sata sin un dejo de duda.

-Estamos mal, compa. -rebate la Muerte- El tipo se suicidó. Usó mi prerrogativa -dice sin exaltarse- Ergo, me pertenece.

Dios tiene la mirada perdida en el paraíso. A menudo repasa los hechos desde el principio. Se arrepiente de haber creado el caos. El desorden lo tiene hasta la coronilla. Fue un error hacer a las criaturitas a su semejanza y ni siquiera puede eliminarlos. Solo la muerte tiene ese poder… Es el único poder que le falta, pero tampoco lo desea. Cuando regresan a casa, hace lo posible para que se queden.

Los ángeles a su servicio son unos palurdos sin iniciativa. Piensa. Bueno, por eso hizo a las criaturas.

-¿Cuántas veces les he pedido que presenten los antecedentes completos? -Les dice.

El que lo sabe todo soy yo.

¡Por algo Soy el Que Soy! -Señala después a la Muerte, a Sata y añade- Este par no tiene idea. Muéstrenles.

Luego, con los ojos cerrados, se pone a corregir todo desde el Big Bang.

Su hijo no está. Anda con el Espíritu Santo creando universos paralelos, pero hasta ahora, no consigue dar en el gusto a su Padre. A la Virgen la ve poco, esa mujer está cada día más empoderada.

La Muerte y Sata ven pasar, a través de un tragaluz, los últimos días del acusado. El hombre regresa a su casa después del funeral. La enfermera que cuida de su hija lo abraza y se marcha. El tiempo rebota hasta el accidente que dejó a la muchacha atrapada en su cuerpo. El segundo bote muestra la hora en que el hijo mayor descubre que su hermana es capaz de pensar, pero no de expresarlo. El muchacho es creativo. Habilita un computador que a la chica le permite comunicarse. Los pestañeos de ella frente a las letras de la pantalla son un código. La segunda frase que la muchacha escribe es, te quiero. La primera, quiero morir.

La abertura hacia el pasado sigue abierta. Un nuevo rebote en el tiempo muestra al hombre regresando del funeral del hijo. En la pantalla del computador la chica responde que sí. Insiste en que ella está segura. El hombre inyecta el brazo de su hija. Ya dormida, le acaricia el pelo. Con delicadeza le despeja el pecho. Apunta el arma y dispara. El proyectil que queda lo dirige a su sien.

Apenas la ventana del tiempo se cierra, Satanás se hace humo. En el tribunal de los casos ambiguos siempre es un perdedor. Eso lo tiene chato.

La Muerte, en cambio, no se marcha. Recorre sin apuro ese conocido palacio de justicia, se sienta sobre las faldas de la gloria de Dios y aguarda.







Marcia Gloria Henríquez Bustamante (Temuco, 1961). Licenciada en Ciencias con mención en Química, por la Universidad de Chile. Doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Santiago de Chile, donde se desempeña como profesora por horas. Marcia es casada. Tiene una hija y un hijo. También un pequeño jardín de su autoría.
Desde el 2017, al alero de la facultad de Química y Biología, ha focalizado su energía en la presentación de charlas en el área de Astrofísica. Pero su primera gran pasión es la Literatura. Algunos trabajos suyos aparecen en el libro “Ciencia en décimas para Violeta”. Ha publicado dos libros de relatos en forma independiente: “Como Austenita retenida” y “De Santiago no sale”; además de un libro de divulgación científica llamado “La ruta del Big Bang. El universo en clase turista”, este último con el respaldo de la Editorial de la Universidad de Santiago. Actualmente escribe su primera novela. Una ficción histórica ambientada en la novena región.